Jonathan Rossiter: «Podremos tragarnos un robot como si fuera una golosina»

Publicado el 20-04-2017      Notícia sobre:

 

Estarán por todas partes, incluso dentro de nosotros, pero no serán una amenaza. Lejos de imitar a «Terminator», tener forma humanoide o convertirse en peligrosas máquinas militares, los robots del futuro serán organismos blandos y adaptables creados para hacernos la vida más fácil. Sus tareas irán desde reparar el entorno natural hasta convertirse en unos pantalones que nos ayuden a levantarnos de la silla o controlar y eliminar el cáncer. Así lo cree Jonathan Rossiter, el adalid de los robots amables y colaboradores y uno de los mayores expertos mundiales en este campo. El ingeniero, director del Soft Robotic Group, en la Universidad de Bristol (Inglaterra), diseña «criaturas» con cerebro, cuerpo y estómago que, además, son biodegradables. Ha visitado Madrid para explicar sus ideas, recogidas en uno de los capítulos de «El próximo paso: la vida exponencial»

 

 

 

 

-¿Cómo van a ser los robots del futuro?

-No se van a parecer nada a los de la ciencia ficción, que los presentan de forma sensacionalista como una fuente de conflicto. Al contrario, supondrán una gran oportunidad. Interactuarán con nosotros y nos ayudarán en nuestro entorno. Podrían operar dentro de ti, sobre ti, contigo y para ti. Formarán parte de nuestras vidas hasta el punto de que quizás ya ni emplearemos la palabra robot para referirnos a ellos. Llegaremos a ese punto en 50 años o más y por el camino tenemos un viaje maravilloso.

-¿Cómo será su aspecto?

-Los que concebimos ahora tienen motores, metal, plástico... y muchas veces son parecidos a los seres humanos, pero estamos trabajando en tecnologías totalmente diferentes a ese concepto. Utilizamos materiales inteligentes en vez de motores: responden a un estímulo energético y pueden moverse, ser flexibles, girarse, retorcerse...

-¿Para qué nos servirán?

-Para muchas cosas. Una de ellas es hacer músculos robóticos que sustituyan a los biológicos que hayan dejado de funcionar o lo hagan peor, lo que podría ayudarnos a vivir más tiempo. Una piel robótica podría incrementar nuestra energía, por ejemplo si hace falta cuando subimos una escalera, mejorar nuestra capacidad sensorial o regular nuestra temperatura. También podemos hacer vendas inteligentes que diagnostiquen la salud de las personas.

-Trabaja en unos pantalones que puedan sustituir a una silla de ruedas.

-Sí, con la edad, algunas personas pierden movilidad y necesitan ayuda. Actualmente, van a una residencia para recibir el cuidado dado por otros. Pero si añadimos control y masa muscular a las piernas, podemos reemplazar la silla de ruedas. Un traje robótico nos permitiría mantener nuestra autonomía durante mucho más tiempo, lo que implica mantener vivo tu cerebro y estar más contento.

-¿Son como los exoesqueletos que conocemos?

-No. Estas tecnologías más atrevidas no son rígidas, por lo que resultan bastante más cómodas y elegantes. Pueden estar por debajo de tu ropa o formar parte de ella. Pero tenemos otro gran proyecto para la incorporación de la robótica blanda en los humanos.

-¿En qué consiste?

-Es para las personas que han padecido cáncer en alguna parte del cuerpo, como la garganta. En estas circunstancias, la laringe puede quitarse, pero luego esas personas no pueden hablar, respirar, toser... y tenemos que hacer una traqueostomía. Si en vez de eso tenemos tecnologías robóticas para sustituir el órgano, entonces ayudamos a los afectados a recuperar sus funciones.

-¿Seremos como un cíborg?

-Un cíborg tiene connotaciones negativas, pero sí, estamos llegando al punto de que podremos mejorar el cuerpo humano para que sea mejor de lo que era. Y por supuesto, si las personas han perdido funciones, queremos recuperarlas.

-Ha dicho que tendremos robots dentro del cuerpo.

-Algunas de las tecnologías pueden ser comestibles. Esto significa que podemos hacer un robot de gelatina, como las golosinas de los niños, que tenga capacidades para administrar medicamentos en el lugar adecuado o incluso colaborar con el cuerpo en una parte particular.

-¿De qué manera?

-Por ejemplo en los pacientes de crohn, una enfermedad digestiva que causa problemas con la absorción de lo que comes. Podríamos hacer un robot comestible que se introduce en el cuerpo para ayudar a sus funciones y cuando haya terminado su trabajo se absorbe por el cuerpo o se elimina y se biodegrada. Totalmente seguro.

-También habla de robots con sensaciones afectivas al tacto.

-Los teléfonos móviles tienen pantallas preciosas y un sonido maravilloso, pero eso solo son dos sentidos. El problema es el tacto. Es terrible. Ocasionalmente vibran, pero esa no es una sensación natural. ¿No sería bonito si el teléfono pudiera darnos información a través del tacto? Estas tecnologías robóticas blandas pueden introducirse en un teléfono móvil para darnos información afectiva, lo que es más natural y cómodo.

-¿Para qué serviría?

-Por ejemplo, si un chico quiere comunicarse con su novia, de momento puede hablar con ella y a lo mejor la puede ver, pero ¿qué pasa si también puede tocar? Puede decir «aquí estoy, te siento» o «te doy un abrazo». Eso se hará porque los materiales en la superficie van a cambiar de forma, van a reaccionar, dar sensaciones en las manos, hacer cosquillas... Hemos desarrollado un dispositivo que se llama el «cosquilleador». Es muy blando, te va acariciando y da la sensación de cosquilleo.

-Vaya. ¿Hasta qué punto de intimidad va a llegar?

-Es una buena pregunta, pero yo no voy tan lejos. Pero hay otro tipo de aplicaciones al respecto. Por ejemplo, para alguien trabajando en una fábrica con luces y ruido, el tacto afectivo permite una comunicación más natural, rápida y eficaz. Lo contrario también podría ser: si quieres alertar de algo malo puedes darle un estímulo afectivo negativo.

-Algunos equipos ya han presentado sus robots blandos. Harvard hizo uno completamente autónomo.

-Esos robots se basan en tecnologías que llevan unos 50, 60 e incluso 70 años. La razón por la que tienen éxito ahora es que hay mejores materiales y mejor compresión de cómo se comportan y sabemos producirlos mejor. Pero tienen sus limitaciones porque utilizan el aire, y para hacer que funcione un robot por aire hay que tener una bomba para producirlo. El problema es que la bomba es pesada, grande... Nosotros trabajamos con otro tipo de materiales que son los que se van utilizar en los robots del futuro, materiales electroactivos, que cambian de forma, pueden ser flexibles, pueden moverse... solo necesitas una pequeña batería y computación. Pero es que además podemos sacar la pila para sustituirla por otra cosa.

-¿Qué cosa?

-¡Un estómago! El estómago puede absorber materiales orgánicos del entorno para generar electricidad y hacer que funcione. El robot entonces no es un robot, es un organismo.

-Algo que tiene cerebro, cuerpo y estómago...

-Sí. Un buen ejemplo es nuestro Row-bot, un robot que se inspira en un escarabajo acuático y el tiburón peregrino, que tiene una boca enorme. Row-bot tiene estómago, cuerpo y es independiente energéticamente. Esto significa que abre la boca, se mueve en el agua y va acumulando alimentos en el estómago. Los digiere y utiliza la energía eléctrica producida para moverse y conseguir más alimentos. No tiene pilas ni baterías. Es puramente medioambiental.

-¿Y qué come ese robot?

-Un montón de alimentos diferentes, casi cualquier cosa: moscas muertas, orina, algas... Podría servir para consumir polución y convertirla en electricidad, o para parar el crecimiento descontrolado de algas que producen sustancias químicas tóxicas. Cuando terminen su trabajo no dejarán rastro.

-Insiste en el aspecto ecológico.

-Actualmente, construimos robots con metal, plásticos, pilas, baterías..., materiales que son tóxicos para el medio ambiente. Pero si podemos utilizar materiales biocompatibles y biodegradables, entonces en vez de tener diez o veinte robots de los que luego nos tendríamos que deshacer cuando hayan terminado su vida útil, podemos tener miles de millones de robots sabiendo que van a degradarse. Eso cambia el planteamiento en cuanto los robots.

-Póngame un ejemplo.

-Si quieres que Madrid sea una ciudad más limpia, podrías hacer pasar un dron que fuera tirando pequeños robots biodegradables que cayeran al suelo para comerse la suciedad. Luego, cuando llueve, se diluyen y desaparecen. Ese es un ejemplo de cómo los robots van a ser completamente diferentes en el futuro.

-¿Y toda esa historia de las máquinas que toman sus propias decisiones y pueden someter a la humanidad?

-Sí, en la ciencia ficción. A medida que las tecnologías se vayan desarrollando, los robots y los seres humanos vamos a cambiar, pero vamos a hacerlo juntos. Ahí está la gran oportunidad. Si los robots y los seres humanos podemos colaborar para integrarnos, entonces no tendremos ningún problema. El futuro es una sociedad de robohumanos. No verás la diferencia, será la vida.

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